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Cuatro técnicas para mantener la salud del cuerpo y conseguir calma mental: Vol. 1 Relajación

| Categoría: Colaboradores, Destacados.

Técnicas de relajación

 

Relajación: Técnicas para estar alerta

 

¿Quieres relajarte? Mantente alerta

 
La mente está continuamente dispersa. Salta de un pensamiento a otro sin parar, de forma caótica y errática. Mientras conduzco pienso: tengo que recoger a los niños; por cierto no he llamado al del seguro; a ver si le doy una limpiada al coche; mi hermana me dijo que iría hoy a mi casa; no estoy de acuerdo con lo que dijo Luis sobre el informe del departamento, mañana voy a plantear el tema de otra forma; que agradable este masaje que me han dado…

Pero la mente sólo puede hacer una cosa a la vez, aunque va demasiado rápida y nos parece lo contrario. Cuando se concentra la mente en algo, se detiene y deja de hacer nada más. Focalizando la mente conseguimos por tanto, alejarla de la dispersión constante consecuencia de la avalancha de pensamientos que la asaltan. El pasado y el futuro, los deseos y las aversiones, son las tendencias de nuestra mente que continuamente condicionan nuestro estado de ánimo y nos roban el “presente”, porque nos identificamos con estos pensamientos.

Nuestra estabilidad mental es, en consecuencia, muy superficial y depende de los acontecimientos externos que nos ocurren. De este modo y, como hábito, reaccionamos a estos estímulos externos de forma inconsciente. Así, si alguien nos insulta reaccionamos con enfado. Si algo nos molesta reaccionamos contra lo que ocurre. Si algo deseamos incontroladamente reaccionamos y vamos a por ello, si algo nos da miedo reaccionamos y huimos o nos escondemos. Reaccionamos y reaccionamos, incapaces de pararnos para observar los pensamientos que causan esas reacciones, y poder elegir respuestas ante lo que ocurre a nuestro alrededor.

Joe Dispenza explica en su libro “Desarrolla Tu Cerebro” cómo el cerebro y el cuerpo están perfectamente conectados y cómo las emociones son consecuencia de nuestros pensamientos. Así, los pensamientos “que permitimos” en nuestra mente, liberan sustancias químicas en el cerebro. El cerebro las transmite al cuerpo, para que éste sienta exactamente lo que él está pensando, y esto, provoca unas sensaciones concretas. Por ejemplo el miedo provoca que el pulso y la respiración se aceleren, que la boca se seque. La tristeza provoca presión en el pecho y dificultad de respirar. Nuestro cerebro ya está familiarizado con esos pensamientos y sabe qué sustancias químicas secretar con cada uno de ellos para provocar la sensación adecuada.

Pero el proceso sigue y, el cerebro, cuando comprueba la existencia de sensaciones en el cuerpo, crea más pensamientos del mismo tipo para así ayudar a incrementar estas sensaciones, porque entiende que es lo que queremos en ese momento. El cerebro sólo nos ayuda con lo que estamos haciendo. Crea nuevos pensamientos del mismo tipo (miedo-miedo), que a su vez crearán nuevas sensaciones del mismo tipo también (presión en el pecho- garganta seca), y así sucesivamente en este círculo vicioso que nos perturba y nos hace sufrir, y siempre con la misma dinámica enloquecedora.

A la larga, esta dinámica crea un estado corporal que determina nuestros patrones de comportamiento, “nuestra manera de ser”, porque nos convertimos en adictos a esas sustancias químicas secretadas por nuestro cerebro de forma reiterada e increíblemente, nos empezamos a sentir cómodos con ellas, y eso hace que las propiciemos, para sentirnos así.

De esta forma, si estoy acostumbrado a estar estresado e irritado, o triste y sentirme una víctima, lo busco y lo propicio porque mi cuerpo se ha vuelto adicto a esas sustancias químicas que el cerebro manda al cuerpo a partir de los pensamientos de estrés o victimismo que estoy continuamente generando. Así, produzco más pensamientos de estrés o victimismo, y éstos crearán más sensaciones corporales correspondientes a ese estrés o victimismo , y éstas a su vez nuevos pensamientos, y así sucesivamente.

Con el tiempo, las emociones generadas por nuestros pensamientos de estrés, victimismo, ansiedad, miedo, tristeza, angustia, ira… y las sustancias químicas generadas por ellos, afectarán indudablemente nuestra salud, perjudicando nuestro sistema inmunológico.

Al contrario y, afortunadamente, pensamientos de paz, calma, felicidad…reforzaran nuestro sistema inmunológico. Así que permitámonos más pensamientos positivos y sustituyamos los pensamientos negativos.

Mi mente no soy yo

 
Todo este proceso mente-cuerpo nos ocurre porque nos identificamos constantemente con nuestra mente y, en consecuencia, con los pensamientos que pasan por ella y con las emociones que éstos crean. Creemos que los pensamientos somos nosotros. La mente siempre está juzgando: esto es bueno, esto es malo, esto me gusta, esto me duele… y nosotros nos identificamos con sus juicios y nos dejamos llevar por su torbellino de pensamientos, sintiéndonos bien, mal, feliz o triste, exaltado o calmado, a partir del pensamiento de turno y del juicio que mi mente haga de él, según los condicionamientos aprendidos durante mi vida.

Pero esa no es la realidad. Nosotros somos mucho más que nuestra loca mente. Tenemos que considerar la mente sólo como un órgano más, como el corazón, como el estómago, como el cerebro… y no como nuestro propio yo. La mente es un instrumento más, que podemos utilizar inteligentemente o que puede arrastrarnos en su caótico funcionar y hacernos muy infelices. La mente está bien para aprender, para nuestro trabajo, para analizar, para avanzar en nuestros conocimientos, para nuestros negocios, pero no debemos encomendarle nuestro “yo”. Hay que repetirse constantemente: Mi mente no soy yo.

Podemos cambiar nuestra actitud ante los acontecimientos externos y los pensamientos que éstos nos producen, entrenando nuestra mente y aprendiendo a controlarla, para evitar ser controlados por ella. Estar alerta al hecho de que “la mente no soy yo”, nos permitirá controlar el efecto de nuestros pensamientos en nuestra vida.

Relajación
 

Estar alerta y observar la mente

 
Hay que estar alerta, tomar conciencia del momento. Estar atentos a nuestra presencia aquí y ahora, observar nuestra mente y observar los pensamientos que pasan por ella, pero sin reaccionar ante ellos, sin intentar reprimirlos, sin cooperar con ellos, dejándolos pasar, dejándolos irse, desaparecer.

La atención plena nos permitirá elegir una actitud ecuánime ante todos los pensamientos de deseo o aversión que vayan surgiendo. La conciencia de nuestros pensamientos es difícil, pero entrenando la mente mediante el intento repetido se puede conseguir. Controlar la mente, es la única forma de encontrar equilibrio y calma mental. Pero hay que intentarlo una y otra vez, con paciencia, porque es la única forma de cambiar el modelo de conducta de nuestra mente.

Estar alerta es lo opuesto a una mente dispersa. Parar y respirar conscientemente puede ayudarnos a hacerlo. La respiración consciente es un instrumento muy útil para centrarnos, para conseguir estar aquí y ahora, observar nuestras emociones y comprobar qué pensamientos tenemos en la mente y qué sensaciones nos están causando esos pensamientos y, entonces, distanciarnos de ellos, sonreír y dejarlos pasar, tranquilamente, en calma, sin identificarnos con ellos.

No se trata de los acontecimientos externos que ocurran a nuestro alrededor, se trata de qué actitud elegimos ante ellos. La calma mental nos permitirá elegir esa actitud. Y la elección que hagamos determinará nuestro bienestar.

Hagamos el siguiente ejercicio

 
“Si un acontecimiento externo nos provoca un pensamiento de estrés, parémonos cuando sintamos en nuestro cuerpo las sensaciones de calor, aumento del ritmo cardiaco… Toma conciencia de ellas.

Observemos entonces nuestros pensamientos, démonos cuenta que son ellos los que provocan esas sensaciones, y empecemos a dejar de cooperar con ellos. Observémoslos y dejémoslos que vayan desapareciendo mientras los observamos, sin intervenir, sin crear nuevos pensamientos similares que refuercen e incrementen las sensaciones que hayamos detectado en nuestro cuerpo.

Respiremos. Sintámonos presentes y démonos la oportunidad de elegir: elegir alterar nuestra valiosa calma mental y elevar nuestra tensión arterial, nuestro ritmo cardiaco, azúcar, etc, o elegir permanecer en calma, observando la situación, en beneficio de nuestra paz mental y nuestra salud.

Elegida la segunda opción, resolvamos la situación externa desde la serenidad y la claridad mental que nos permite la calma mental.

Es tan fácil y tan difícil como eso. Solo tenemos que ser capaces de pararnos, respirar, tomar conciencia del momento, observar y, entonces, elegir. De otro modo, nuestra vida se verá arrastrada por nuestra mente, reaccionando ante todos los estímulos externos, sin control, y con enorme desgaste personal, y menos claridad mental.”

Matthieu Ricard lo explica en su libro En Defensa de la Felicidad:

La mayor parte de las veces, no son los acontecimientos exteriores, sino nuestra propia mente y sus emociones negativas las que nos incapacitan para preservar la paz interior y hacen que nos hundamos. Así pues, la mente merece que le dediquemos esfuerzos. Durante mucho tiempo le hemos dado rienda suelta y la hemos dejado vagar por donde se le antojaba. ¿Y adónde nos ha conducido eso? ¿En que sombría orilla nos han hecho embarrancar las pasiones? . Casi siempre nos damos cuenta de que un impulso o una acción va en contra de nuestro bienestar en el mismo momento de realizar el acto, pero, aun así, “es más fuerte que nosotros”.

Este artículo consta de una segunda parte: Cuatro técnicas para mantener la salud del cuerpo y conseguir calma mental: Vol. 2 Meditación

Lourdes Vidal García

 
Fuente imágenes:

  1. Pixabay
  2. Kiah Ankoor en flickr

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