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Cuidarse los pies para correr y pedalear

| Categoría: Anatomía, Entrenamiento, Técnicas Manuales.

Reflexología podal
La capacidad de rendimiento del pie la encontramos en la fantástica construcción de la bóveda plantar, estructura capaz de resistir cargas extremas. Según algunos estudios, en una maratón, la carga acumulada en cada pie es de ¡2.500 toneladas! Es por esto que cuidarse los pies es tanto o más importante que cuidarse el resto del cuerpo para correr, pedalear, caminar, bailar, etc.

El pie está formado por unas 30 articulaciones que, distribuidas perfectamente, proporcionan diferentes funciones:

  • Articulación superior del tobillo: desplazamiento
  • Articulación inferior del tobillo: adaptación a las irregularidades del terreno
  • Articulaciones del medio pie: estabilidad
  • Articulaciones metatarso-falángicas: amortiguación, elevación del talón y elevación del pie

 
Los músculos del pie, junto con los de la pierna garantizan las acciones de desplazamiento, apoyo, amortiguación y elevación del pie.

Articulaciones y músculos forman un equipo de diferentes arcos dinámicos que permiten la correcta distribución de las cargas: el interno, externo y el transversal. Teniendo en cuenta esto, cualquier restricción en el movimiento de les articulaciones y/o de los músculos pueden ser la causa de una reducción de nuestro rendimiento.

Es frecuente que un practicante de “Running” o de Ciclismo (carretera o montaña), note sobrecargas articulares o musculares, y entonces todos pensamos en la musculatura de la pierna: gemelos, sóleo, tibiales, etc. En lo que no pensamos es que el factor que genera esta sobrecarga tenga el origen en la musculatura del pie. Un masaje, estiramientos o movilizaciones de la pierna alivian el malestar, aunque no estamos consiguiendo mejorar nuestro rendimiento, puesto que el problema puede estar en una disfunción de la fascia plantar o un bloque de los tarsianos, por ejemplo.

Debemos comenzar el tratamiento por el pie para aumentar el rendimiento de nuestras apreciadas piernas. Pensemos que sin un movimiento de flexión, extensión, rotación y contra rotación (movimientos espiroidales o “lemniscata”) que sean eficientes, perdemos capacidad de equilibrio. Mejorando las capacidades dinámicas del pie, conseguiremos mejorar otras restricciones corporales (rodillas, pelvis, columna vertebral, etc.).

Cuando hayamos conseguido unos hábitos de salud podal (mediante masaje, estiramientos, movilizaciones articulares,…) buscaremos la ayuda del calzado para conseguir las funciones de protección y estabilización. Debe ser un calzado cómodo que nos permita realizar correctamente las tres fases de la marcha (contacte, apoyo y elevación) de manera natural.

Cada uno de nosotros tiene una morfología personal del pie (pie egipcio: primer dedo más largo, pie griego: segundo dedo más largo, pie cuadrado: primer y segundo dedos alineados….) y debemos conseguir que el calzado se adapte a nuestro pie y no a la inversa. Así, además de los consejos que podamos recibir de los especialistas cuando nos aconsejan un calzado determinado; ¡quienes deben estar felices son nuestros pies!

Cuidemos y mimemos los pies, ¡son la base de nuestro bienestar!

Josep Casals

Docente de Orthos Barcelona
Osteópata y reflexólogo podal

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3 Comentarios

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