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El Curl de Bíceps en Banco Scott también puede ser Entrenamiento Funcional

| Categoría: Entrenamiento, Fitness.

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¿En serio? Estamos en 2016 y ¿todavía estamos así?

Recuerdo esa definición, por allá el año 2007, hace más de 10 años, y por culpa de la malinterpretación de esa definición el sector del Fitness y el mundo de la preparación física se convirtieron en una especie de circo sinsentido.

Foto de Bret Contreras haciendo burla del malentendido “Entrenamiento Funcional”, obtenida de su perfil de Facebook.

Así pues, ¿Qué es funcional y qué no?

Obviamente, la respuesta es “depende”, ya que el entrenamiento funcional no hace referencia al “ejercicio”, hace referencia al “objetivo”.

El 1999, Julio Tous ya diferenció el “Entrenamiento Funcional” del “Entrenamiento Estructural”. Hace 17 años ya estábamos hablando de las diferencias cuando el objetivo es la mejora de la estructura, lo que él llamó hipertrofia estética (sarcoplasmática) o deportiva (sarcomérica), de cuando el objetivo es la mejora de la función, ya sea por coordinación intramuscular, coordinación intermuscular, y/o los procesos reflejos (lo que ahora llamaríamos “control motor”).

Así pues, en 1999, ya diferenciábamos el trabajo “tradicional” de gimnasio basado en la hipertrofia (estética o selectiva), del trabajo con el objetivo de mejora de la función (o control motor).

No sé en qué momento, alguien decidió que “entrenamiento funcional” tenía que significar “mejora de la propiocepción”, y llegó la locura de las superficies inestables, los giros y los “materiales alternativos”.

A priori, las superficies inestables debían provocar una mayor activación muscular y generar una mayor respuesta propioceptiva.

La literatura nos indica que si bien es cierto que las superficies inestables provocan la activación de los músculos fijadores de la postura y encargados de mantener el equilibrio (mediante co-contracciones), no es una buena estrategia para la mejora de la fuerza y potencia, dado que disipamos las fuerzas de reacción de los puntos de apoyo, y por tanto, la capacidad de manifestar fuerza.

Por lo que respecta a la propiocepción, Kiers (2012) se planteó la pregunta ¿los ejercicios sobre superficies inestables mejoran la propiocepción del tobillo? La respuesta fue NO. Las superficies inestables no provocan mayor propiocepción del tobillo (regiones periféricas) sino que provocan respuestas más centrales (¿core?) para recuperar el equilibrio, lo que nos confirma el parágrafo anterior: la inestabilidad compromete el equilibrio, no tanto la propiocepción.

https://www.youtube.com/watch?v=aWcoAUT-dBg

¿Es interesante el entrenamiento en inestabilidad? Claro, para mejorar el equilibrio, postura, etc. ¿Se desarrolla mayor fuerza y potencia que en superficies estables? NO, en ningún caso con sujetos entrenados, aunque en caso de sujetos no entrenados, puede ayudar de manera indirecta por la mejora del control postural.

La inestabilidad, los giros (y “contragiros”), la unilateralidad, la globalidad… son pasos dentro de una progresión del entrenamiento que deben atender a los objetivos pretendidos. No siempre “más difícil es mejor”, y a veces, un entrenamiento “tradicional” de la fuerza es lo más indicado para mejorar la funcionalidad de un movimiento.

De ahí nos fuimos al “no entrenes músculos, entrena movimientos”. Gran eslogan, con una filosofía muy buena, pero que no siempre es la mejor estrategia para abordar todos los problemas. La repetición de un mal movimiento nos va a dar un gran problema: “primero muévete bien, luego muévete más” (G. Cook).

Volviendo al título del artículo, lo analítico puede ser también funcional, y no me refiero solo a la mejoría en la capacidad de generar tensión muscular que conlleva el trabajo aislado.

¿Acaso no incidimos sobre el glúteo medio de manera aislada cuando alguien tiene un colapso medial de las rodillas en la sentadilla? Eso es analítico, pero mejora una función global.

A menudo tenemos músculos que no responden cuando deberían hacerlo, y hay que lograr activarlos. Para ello, como parte de la progresión, debemos ir al primer paso, y trabajarlo de manera localizada y aislada, incluso en isometría en las posiciones que no responde bien (a menudo en posiciones de máximo acortamiento), y el resultado final es una mejora de la función global.

Así pues, no debemos juzgar el tipo de entrenamiento según la complejidad de los ejercicios, si no que deberíamos adecuar los ejercicios al objetivo pretendido y al momento de la progresión en el que estemos, puesto que, repito, el entrenamiento funcional no hace referencia al “ejercicio”, hace referencia al “objetivo”.

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