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De límites y objetivos

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Límites y objetivos
 
Hace meses posteé en Twitter: “…¿Todos podemos lograr cualquier objetivo? – Bésate el codo…” y no tardaron en responder, por suerte bromeando, que si hacía falta se rompían el brazo para poder llegar al codo con la boca y así lograr el objetivo. La anécdota nos indica que esto del entrenamiento extremo y la motivación se nos está yendo de las manos.

Toni Brocal ya nos anunciaba los riesgos de la hipermotivación en su artículo “Si quieres…¿Puedes?”. Slogans de marketing que ponen en duda la existencia de límites o incluso los niegan, no hacen ningún favor a la práctica de actividad física para la salud, más bien aumentan desmesuradamente el riesgo para la salud (y desgraciadamente la muerte en el peor de los casos).

Ejemplos los tenemos en las tendencias actuales: running, triatlones, CrossFit… donde, siguiendo las estadísticas, mueren 1 de cada 15.000 corredores mayores de 35 años cada año (las maratones populares en grandes ciudades tienen más de 20.000 participantes), o ya empieza a ser habitual que muera algún triatleta amateur hombre y mayor de 45 años en los ironmans populares en el segmento de la natación (donde el estrés que se genera es tan grande que afloran las complicaciones), o creamos que es normal que se tenga que realizar un WOD con múltiples vendajes y/o hasta que las ganas de vomitar nos superen. Si tú no pones un límite, tu salud lo pondrá por ti.

¿Cómo saber hasta dónde llegar y no pasar?

 
En la Biblia lo dice muy claro, “…hasta aquí llegarás y no pasarás…” (Job, 38:11). Por suerte, nosotros como profesionales tenemos herramientas para trazar los límites, dado que estos límites se ven muy determinados por los objetivos.

Para ser esquemáticos, debemos contemplar primero 4 aspectos:

  1. El deporte o prueba a realizar. ¿Qué características tiene? ¿Qué sustratos energéticos se emplean principalmente? ¿Cuál es la demanda muscular? ¿Cuáles son sus requisitos técnicos? ¿Interviene la táctica, hay normativa…?
  2. El deportista (en este caso nosotros). ¿Cómo estamos de salud? ¿En qué estratificación del riesgo estamos? ¿Cuál es nuestra condición física? ¿Qué composición corporal tenemos? ¿Lesiones actuales o antiguas? ¿Conocemos el deporte en cuestión? …
  3. Los medios disponibles. ¿Podemos entrenar en un lugar adecuado? ¿Se dispone de la maquinaria y tecnología necesaria? ¿Sabemos cómo entrenar? ¿Disponemos de un entrenador experto? …
  4. ¿Para cuándo queremos competir o realizar la prueba? ¿Tenemos tiempo diario/semanal para entrenar?…

Para poder trazar un objetivo, debemos contemplar cada detalle de estos 4 aspectos, y además del objetivo, este análisis nos indicará de un modo genérico cuál va a ser nuestro plan director de actuación: qué haremos primero, para luego poder progresar según los principios de entrenamiento que rigen la adaptación.

Es posible que la valoración de la salud ya nos determine o incluso excluya la práctica de algún tipo de deporte, ya sea por alteraciones del aparato locomotor, o por patologías cardiorrespiratorias o metabólicas. Es posible que el análisis de la composición corporal nos indique que antes de empezar deberíamos perder peso, o ganarlo, según sea el deporte elegido. Es posible también (de hecho es seguro) que nuestra condición física inicial determine completamente la periodización que debamos seguir. Es posible que no disponer de un espacio equipado imposibilite el entrenamiento de una disciplina en concreto o que dificulte el entrenamiento complementario de nuestro deporte. Es posible también que el calendario determine que no podamos lograr algunos hitos, al menos por esta temporada.

Teniendo todo esto en cuenta, el objetivo trazado debe tener un formato SMART (ECART en castellano), y a poder ser, con el asesoramiento de un profesional. Este objetivo debe ser:

  • Específico
  • Cuantificable
  • Asumible pero que suponga un reto
  • Reajustable
  • Temporalizado

 
En el caso que el objetivo requiera de diversos programas (o mesociclos) de entrenamiento para lograrse, o sea, la mayoría de objetivos, este “macroobjetivo” debe temporalizarse en unidades más pequeñas para poder reajustar con más exactitud.

¿Qué relación hay entre límites y objetivos?

 
Todo. En primer lugar, para trazar un objetivo SMART es necesario valorar primero, tanto la salud como la capacidad actual. Esta valoración nos dice qué es lo que podemos hacer hoy (y qué es lo que no podemos hacer). En segundo lugar, trazar un objetivo SMART nos dice qué debemos hacer para llegar a mañana según el plan, y más adelante a pasado-mañana, es decir, sabemos qué podremos hacer en cada momento del plan. Y sobretodo, en tercer lugar, el objetivo SMART nos periodiza la evolución de nuestro listón de manera asumible pero que nos suponga siempre un reto.

Así que, recuperemos el control, valoremos, tengámoslo todo en cuenta, tracemos objetivos y planifiquemos en función de estos.

“Mide todo lo que sea medible y haz medible aquello que no lo sea”. Galileo Galilei.

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Fuente imagen: sinlios.com

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