Artículos

Los 5 principios de la osteopatia

| Categoría: Técnicas Manuales.

Osteaopata

La osteopatía entendida como una medicina global y manual es una ciencia y un arte. Sin embargo, no deja de basarse en una serie de principios que son su fundamento teórico y práctica.

El osteópata es una persona respetuosa y sensible, que escucha a quien acude a él, palpa con delicadeza y observa atentamente a las personas y a su entorno.  Se comunica con fluidez, cuidando el lenguaje y usando palabras evocadoras que permitan a quien le consulta expresarse sin trabas, explicando su enfermedad y sus emociones. El osteópata se comunica también con el tacto. El contacto piel a piel, íntimo y sin barreras establece un vínculo entre terapeuta y paciente que parecen fundirse en la búsqueda de una solución al problema que se está tratando.

La práctica osteopática se concibe desde, al menos, 5 fundamentos:

Holismo

El organismo concebido como un todo, indivisible en sus partes y en armonía con su entorno social y natural. Todo el organismo está interconectado: el aparato locomotor con las vísceras, el psiquismo con el movimiento y los órganos con las emociones. Estas conexiones se explican por la existencia de los sistemas globales o integrales; es decir, por sistemas que llegan absolutamente a todas las partes del cuerpo, incluso a nivel microscópico. El sistema nervioso, la circulación y la fascia son estos tres sistemas. Cada uno de ellos transmite un tipo diferente de energía i/o información: eléctrica, química o mecánica. Si a esto le añadimos que el organismo es una disolución de substancias orgánicas y minerales en agua. Dentro o fuera de las células el ambiente interno es acuoso y debe estar muy bien estabilizado (en cuanto a temperatura, composición de nutrientes, acidez, etc). El ser vivo tiene la capacidad de mantener constante el medio interno: la homeostasia, como dijeron Bernard y Cannon en el s. XIX. Todos los órganos y tejidos están especializados en mantener estable este medio interno, de una manera u otra.

Mecanismos de regulación local

La capacidad reguladora de la persona no sólo se debe a los mecanismos de integración (sistema nervioso y sistema endocrino). Los propios tejidos, por sí mismos se pueden autorregular; son inteligentes, en el sentido de que reaccionan de forma diferente según el estímulo que se les aplica. Por ejemplo, el corazón  es capaz de modificar la fuerza de sus contracciones según la cantidad de sangre que tiene cargada independientemente de estímulos nerviosos o de otro tipo (ley de Starling). Otro ejemplo, los tendones responden a la tracción de forma diferente si la tensión se aplica de forma rápida o lenta. Es decir, el tejido responde de forma automática e independiente a los diferentes estímulos.

La ley de la arteria es absoluta

La formulación de este principio debería ser reconsiderada aunque sigue siendo válido en esencia. Esta ley hace referencia a que no debe haber obstáculos a la libre circulación de fluidos, materia y energía por el sistema arterial. Podríamos ampliar esta afirmación al sistema nervioso (liberar los atrapamientos de nervios)  e incluso, en un sentido más amplio, no hayan restricciones de ningún tipo a la circulación, transmisión de impulsos o transferencia de fuerzas y tensiones. De esta manera los nutrientes, el oxígeno, los componentes esenciales y los materiales de deshecho circulan con total facilidad, libres de obstáculos y permitiendo la completa renovación metabólica de cada una de la células.

Si una arteria está atrapada por una cicatriz o un nervio está presionado por una adherencia, las células que dependen de esa inervación o irrigación no podrán mantener su estado de equilibrio. El terapeuta debe detectar estas restricciones o  taponamientos y actuar en el sentido de la liberación y la restauración del flujo normal.

Activación del sanador interno

El organismo tiene todos los recursos necesarios para curarse a sí mismo. El único problema está en un desajuste momentáneo de los mecanismos de aporte y de reparación. Es más, los fundadores de la osteopatía afirman que no son los patógenos los que causan la enfermedad sino que es el “terreno” el que está debilitado. Cuando estamos expuestos a un ambiente excesivamente tóxico, sometidos a estrés e impactos emocionales, cuando nuestra alimentación o los hábitos son inadecuados, el cuerpo pierde la capacidad de mantener el equilibrio y enfermamos, nuestro sanador interno está desbordado. El osteópata, por medio de sus manipulaciones, libera los recursos necesarios para que el propio organismo emprenda su camino de autocuración. El restablecimiento del equilibrio se alcanza por la propia persona. El terapeuta sólo actúa como iniciador del proceso, como una señal que nos indica hacia donde debemos conducirnos en nuestra propia recuperación.

La estructura gobierna la función (¿o viceversa?)

Cuando un osteópata trabaja con una persona, tiene entre sus manos su estructura: músculos, huesos, órganos,… y si esta estructura tiene algún defecto, alguna deformación, el sistema no funcionará correctamente. Una persona con desviaciones de la columna o con artrosis de cadera o rodilla tiene limitados sus movimientos y por tanto, no puede actuar con total libertad… está limitado en su función. En este sentido, el trabajo del terapeuta se orienta a la normalización, al restablecimiento de la simetría, a la ampliación de los arcos de movilidad normales (en los órganos, en las articulaciones, etc.). En este sentido, el terapeuta manual desbloquea y redirige el sentido de la propia curación, el restablecimiento de la fisiología normal, en equilibrio.

Sin embargo, también podemos notar que cuando sometemos al cuerpo a determinados estímulos, lo fatigamos o lo sometemos a estrés, la organización estructural se modifica para adaptarse. Podríamos llamar a esta reorganización como adaptación o compensación por el entrenamiento. Estamos preparando al organismo para las sobrecargas que puedan venir en el futuro. La plasticidad cerebral, es decir la capacidad de establecer nuevas conexiones y aprender que tiene el cerebro, nos permite movernos mejor en nuestro entorno.

Sea como sea, al normalizar disfunciones o al preparar para el futuro, el ser humano se hace más resistente, recuperamos el equilibrio con más rapidez y en definitiva podemos vivir mejor y con más plenitud.

SPEAK YOUR MIND

Deja un comentario

  • (will not be published)

Captcha *