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Mi niño mete los pies…

Mi niño mete los pies…

Antonio David Sánchez González*, José Carlos Ruiz Cinta**, Jorge Molerón Troncoso***, Diego José Ramos Cardellat***.

*Médico traumatólogo y cirujano ortopédico. Profesor de Orthos Sevilla.

**Médico especialista en Medicina Familiar y Comunitaria. Profesor de Orthos Sevilla.

***Quiromasajistas. Profesores de masaje de Orthos Sevilla. 

¿No habéis escuchado nunca esta expresión? Acto seguido siempre te dicen, las madres normalmente, que el niño camina metiendo la punta de los pies hacia dentro o bien que tumba los tobillos hacia dentro.

Vamos a centrarnos en el segundo de los problemas, cuando es el tobillo el que hace que su maléolo interno o tibial protruya hacia la línea media. Los médicos lo llaman valgo de retropié, y cuando es muy pronunciado normalmente consultan no porque produzca dolor en los pies, sino porque el niño deforma los zapatos. “Mire usted, le compré estos zapatos hace un mes y ya los tiene desgastados por dentro…”, típica frase de la consulta diaria de un traumatólogo.

A decir verdad no estamos ante un problema grave. La mayoría de las veces se trata de una debilidad de la musculatura, sobre todo del músculo tibial posterior, que se suele corregir con paciencia, a medida que el niño va creciendo, y si ya queremos ayudarlo de verdad, con una pauta de ejercicios de fortalecimiento que se pueden realizar incluso desde casa.

Los médicos solemos poner a los pacientes en el podoscopio (ver imagen), observamos la huella plantar, que puede ser plana (con un arco disminuido) o cava (con aumento del arco de apoyo del pie). Acto seguido, si vemos un valgo, le decimos al paciente que se ponga de puntillas, entonces pueden pasar dos cosas, la primera y más común, que el tobillo por si solo se corrija y el maléolo interno se alinee en el retropié. La segunda, más rara, que al decirle que se ponga de puntillas el niño manifieste que le cuesta trabajo y encima el tobillo siga tumbado con la protrusión del maléolo interno de la que hemos hablado antes. En este segundo caso hablamos entonces de las sospechas de coaliciones tarsianas, que son malformaciones del pie donde pueden los huesos del tarso pueden estar fusionados. Las combinaciones de esta fusión ósea son múltiples, pero las más frecuentes son las que afectan al astrágalo y al calcáneo (que pueden estar fusionados hasta en un 40% de los casos), y entre el calcáneo y el escafoides en el 50% de los casos. Clínicamente se manifiestan por tanto como un pie plano rígido. Otros síntomas que refiere el niño es el dolor del tobillo y del pie con las actividades deportivas, además de la deformidad del calzado que ya hemos comentado antes. Consecuentemente, se puede presentar un aumento de la tensión en los tendones peroneos, por lo que también pueden manifestar dolor a nivel del maléolo externo o del trayecto del ligamento lateral externo.

En los problemas del valgo del tobillo en los niños estamos ante un problema que preocupa mucho a los padres, pero que tienen la mayoría de las veces una buena solución en los gimnasios mediante ejercicios sobre tamiz. Bastará con decirle al niño que fortalezca la musculatura del pie diciéndole que camine de puntillas durante unos minutos, para luego hacerlo sobre los talones. Con esta pauta, en unos meses, los padres suelen ver la diferencia. Los niños, además de intervenir en su propio proceso, se lo pasan en grande practicando deporte. Se suelen ahorrar, además, el uso de las plantillas, que tanto condiciona el uso de un calzado adecuado, y los profesionales pueden decir, una vez más, que se ha visto el abordaje de una enfermedad desde una óptica integral, donde médicos, podólogos, reflexólogos y monitores de gimnasio pueden ayudarse mutuamente.

Imagen del podoscopio.

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